Bulgaria adoptó oficialmente el euro el 1 de enero de 2026, convirtiéndose en el vigésimo primer miembro de la eurozona. Este paso culmina un proceso de casi dos décadas que comenzó con su adhesión a la Unión Europea en 2007, y representa una decisión económica y estratégica de gran calado. El país completó la transición tras haber cumplido los criterios de convergencia de la UE, que incluían una baja inflación y un déficit público controlado, y después de haber mantenido su moneda anterior, el lev, fijada al euro desde 1999 a través de un mecanismo de caja de conversión. La economía búlgara es una economía de mercado abierta e integrada en la Unión Europea, con una estructura terciarizada donde los servicios (comercio, turismo, TI y outsourcing) representan alrededor del 65% del PIB. El segundo pilar es la industria (automoción, metalurgia y química), que la ha convertido en un centro manufacturero competitivo para la UE gracias a sus bajos costes laborales, impuestos fijos reducidos (10%) y mano de obra cualificada. Aunque mantiene una notable estabilidad macroeconómica y fiscal, enfrenta desafíos como la dependencia energética (en proceso de diversificación), la fuga de cerebros y una brecha de ingresos con Europa Occidental.